Me encuentro con los ojos hinchados de tanto llorar. De hecho, he llorado por aproximadamente dos horas… y aun sigo haciéndolo. Cierta película hizo que muchos sentimientos reprimidos salgan en forma de lágrimas, recordándome lo que soy… y lo que quiero ser.
Se acerca el 14 de febrero, una vez más lo recibiré sola y con ansias de querer estar con alguien a mi lado. ¿Por qué esta fecha nos pone tan susceptibles, si al final es solo un día más del calendario? Digo que odio el día de San Valentín, pero en el fondo reconozco que no es así… porque siento ganas de tener un amor que me regale detalles, que me envíe cartas, que se olvide de los malditos prejuicios de la sociedad actual y se deje llevar por el romanticismo. No busco cursilerías, solo quiero alguien que me diga que soy su vida entera.
Es verdad que la juventud aun sigue caminando conmigo. “Aún hay tiempo…” me dicen… pero, ¿qué tiempo debo esperar? La vida es corta y conforme pasan los días creo que el amor sigue tardando. Tal vez el problema es que espero un amor de película (¿?) y ese tipo de amores no existen. No hay un encuentro “perfecto” en el que estás sola en un camino mirando el paisaje y el amor de tu vida se te acerca a preguntarte la hora. No hay un “beso perfecto” en el que la intención de aquel caballero es amarte para siempre luego de que te hayas rendido ante sus labios. Siento que aquellos caballeros ya no están, alguien se los llevó. Porque ahora si te dicen palabras bonitas y te llenan de ilusiones es solo para tratar de llevarte a la cama y poder satisfacer una necesidad. Porque una vez que muestras interés, ellos se dan la vuelta y se van.
Hoy lloro, no por amor, no por un hombre. Lloro por lo que no hay en mi vida y que me cuesta encontrar. Lloro por “no estar enamorada”. Por esas ganas inmensas de poder compartir con alguien todo lo que me apasiona. Por cada latido que grita el nombre del ser amado, nombre que aún no he descubierto y que permanece callado en mi silente alma. Por la soledad acompañante de mis días que inspiran cada una de estas letras.
La verdad no sé si esa persona llegará, no sé si creer más en el príncipe azul de los cuentos de hadas. Cada día es más difícil recuperar ese sueño, y puede que todo esto que escribo suene dramático… pero al final, para eso existen las palabras: para expresar todo aquello que sentimos.
Tan solo quisiera una persona que no se asuste ante las ganas que tengo de vivir una historia de amor duradera; que no tema enamorarse y convertirse en un romántico caballero por el resto de su vida.
Y aún sigo llorando mientras escribo todo esto. Y aunque dejen de salir lágrimas de mis ojos, mi alma seguirá llorando hasta que alguien pueda calmar ese llanto con un beso de película.
No se cuando vuelva a escribir algo nuevamente, ni sé si alguien leerá esto, solo pretendo desempolvar los viejos trastes que arrugan mi corazón para que éste pueda respirar un poco de tan abrumadora soledad.